que empezó con una pregunta.
En 2008 nos reunimos a diseñar este proyecto. Éramos personas orientadas hacia el desarrollo personal y social con una mirada humanista, y compartíamos un anhelo: crear un espacio de encuentro y de reflexión sobre la muerte y el proceso de morir. Exploramos nuestras biografías, nuestros diferentes puntos de vista, acuerdos y desacuerdos. El entusiasmo crecía encuentro tras encuentro. Finalmente decidimos convocar al público e iniciamos con un ciclo de charlas: ¿Es posible prepararse para la muerte? La respuesta, en cantidad de personas que asistieron, fue contundente.
"Es importante prepararse para la muerte e incluirla en la vida. Es necesario y, por sobre todo, es posible."
La idea original era que El Faro fuese como un mandala con un centro de conciencia: la finitud. Y que desde ese centro se abrieran cual pétalos las actividades que anhelábamos proponer: formaciones, grupos, talleres, acompañamiento, retiros. Hoy ese mandala existe y sigue creciendo.