Tanto el ejercicio de la muerte deseada como el de la muerte temida me resultaron sumamente movilizadores . Fueron como luces rojas que se comenzaron a encender en lo cotidiano especialmente cuando me pongo en piloto automático inconscientemente. Lo sentí y lo siento como lo más vivencial con relación a mi propia muerte por ende a mi propia vida.
Tanto el ejercicio de la muerte deseada como el de la muerte temida me resultaron sumamente movilizadores . Fueron como luces rojas que se comenzaron a encender en lo cotidiano especialmente cuando me pongo en piloto automático inconscientemente. Lo sentí y lo siento como lo más vivencial con relación a mi propia muerte por ende a mi propia vida.