En un reciente proceso de acompañamiento, surgió una pregunta que quiero compartir: ¿Es lo mismo “elegir” que “decidir”?
El contexto estaba relacionado con la redacción de Directivas Anticipadas por parte de una persona con un diagnóstico de demencia leve. Ana, de 78 años, comenzaba a mostrar signos de deterioro, y su familia le propuso una consulta médica para evaluar su situación.
La diferencia entre elegir y decidir
Tras recibir el resultado médico, nos reunimos para abordar esta nueva etapa en la vida de Ana y su familia. Durante el encuentro, algunos miembros de la familia preguntaban a Ana: ¿Qué te gustaría? ¿Qué preferirías? ¿Qué elegirías? A veces, Ana respondía con claridad, pero otras no sabía expresar sus preferencias.
Fue entonces cuando me di cuenta de que elegir es un paso previo y necesario para poder decidir.
Elegir implica:
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- Tener una comprensión realista de la situación.
- Conocer las alternativas disponibles.
- Reflexionar sobre valores, necesidades y temores.
- Mantener conversaciones significativas con el entorno.
Decidir, por su parte, añade un nivel de ejecución que requiere:
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- Un plan concreto.
- Recursos disponibles (tiempo, dinero, apoyo externo).
- Definir quién y cómo se llevará a cabo lo decidido.
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El proceso como parte del aprendizaje
Es importante respetar este orden entre elegir y decidir, aunque en ocasiones sea necesario replantear las preguntas en el transcurso del proceso. Lo que elegimos hoy puede cambiar con el tiempo, y si eso sucede, es esencial revisar las decisiones tomadas.
Reflexiones de una experiencia compartida
En este caso, la familia de Ana dedicó varios encuentros a explorar estas cuestiones, lo que resultó en un proceso revelador. Se generaron conversaciones profundas, con momentos de risa, sorpresa y tristeza. Al final, todos coincidieron en que el proceso había sido enriquecedor.
Una de las hijas de Ana resumió así la experiencia:
“A veces damos por sentado que conocemos a nuestra familia, pero estas conversaciones me mostraron que siempre podemos conocernos más y alcanzar acuerdos válidos para todos.”
Redactar Directivas Anticipadas: un ejercicio valioso
En conclusión, la redacción de Directivas Anticipadas no solo tiene un impacto en el resultado final, sino que también fomenta procesos intrapersonales e interpersonales que enriquecen a todos los involucrados.